Los expertos del Gobierno plantean un 2050 sostenible sin vuelos peninsulares, menos consumo de carne y dos grados de calentamiento

Fuente: INFOLIBRE

El informe impulsado por Moncloa pone sobre la mesa, en el capítulo sobre cambio climático de su informe España 2050, la prohibición de los viajes en avión que tengan alternativa en tren y pagos directos a todos los españoles por los esfuerzos de la transición. Advierte que los españoles tendrán que cambiar sus hábitos de consumo, con menos productos de origen animal, menos fast fashion y menos tecnología de usar y tirar: pero sin renunciar al bienestar. En su análisis, el estudio de Moncloa asume que España sufrirá 2 grados de calentamiento global en 30 años y critica la herencia recibida de Gobiernos anteriores que no actuaron a tiempo.

Verano, 2050. El calor que hace en Madrid es abrasador; ahora la ciudad cuenta con un clima parecido al de Marrakech hace 30 años. Estás deseando escaparte a Barcelona para un baño refrescante en la Costa del Maresme, pero se te ha pasado el plazo para reservar un coche eléctrico compartido. No pasa nada: tu dispositivo móvil adquirido en 2040 funciona como el primer día, así que en un par de minutos reservas un pasaje de tren, bastante barato, dirección Barcelona. Por un momento pensaste en dirigirte a Barajas, pero el puente aéreo ya no existe desde hace años. Te emocionas pensando en el nuevo restaurante de comida ecológica que han abierto en el Nuevo Paseo Marítimo de la ciudad condal: te has ganado pedir un buen filete, tras semanas sin probar la carne y tras una semana dura de trabajo en la nueva instalación de tejados solares.

No es la mejor de las utopías, pero tampoco la peor de las distopías. Puede que indigne a los activistas más concienciados contra la crisis climática y el modelo productivo, así como a aquellos que consideran que la libertad –y su identidad– es un buen SUV y un chuletón. Es un ejemplo del futuro que imagina y propone el Gobierno en el informe encargado a un grupo de expertos y que lleva por título España 2050, en su capítulo destinado al cambio climático que adelanta infoLibre.

El texto, impulsado por Iván Redondo, director de gabinete de Pedro Sánchez, lleva meses siendo preparado y coordinado por la Oficina Nacional de Prospectiva y Estrategia, creada en este mandato, y que ha seleccionado a un conjunto de 100 expertos cuyo nombre no trascenderá hasta este jueves, cuando el jefe del Ejecutivo presentará los resultados.

Los expertos del Ejecutivo estiman como más probable que el país sufra un calentamiento global de dos grados, que pondría a sus principales ciudades con un clima parecido al del norte de África, que agravaría los fenómenos naturales extremos y que desertizaría muchos de los entornos naturales de la Península. Pero la senda propuesta en el informe del Gobierno prevé que España resista. ¿Cómo? respetando los límites del planeta y sus recursos, disfrutando de una economía verde y circular sin enmendar la plana del libre mercado capitalista y cambiando los hábitos más dañinos para lograr una reducción del 90% de emisiones de gases de efecto invernadero que no nos librará del impacto, pero lo amortiguará.

Entre las principales medidas que propone el informe, a largo plazo y aún no contenidas en ningún proyecto legislativo, está la prohibición de los vuelos dentro del país que tengan una alternativa por tren de menos de dos horas y media de duración. El informe también pone sobre la mesa una renta climática como principal herramienta de justicia ambiental, destinado a que los sectores más vulnerables no carguen en sus espaldas con el peso de la transición. La medida fue propuesta en España por Más País-Verdes Equo y consiste en un pago a todos los españoles, estimado de 100 euros al año, con la obligación –o no– de destinar el dinero a reducir las emisiones y que se obtiene de otros impuestos como el de hidrocarburos u otras tasas de nueva creación. Así, los que más contaminan, pagan: y los que menos, cobran.

En el futuro que dibuja el documento, una hoja de ruta a largo plazo esbozada por Moncloa, se proponen medidas que probablemente sean impopulares, pero que el Ejecutivo considera esenciales para lograr una economía sostenible que ataje los peores efectos del cambio climático, que a la larga terminarán perjudicando más a la clase trabajadora. El texto se mantiene firme en sus tasas sobre el uso de las carreteras y llama a reformar la fiscalidad sobre los vehículos, que pagarán más según su peso y su capacidad para emitir CO2 y partículas contaminantes. Se abre, en general, a tasar los “sectores difusos” con más fruición: en ellos se incluye no solo el transporte, también la agricultura y la ganadería. Y recupera un viejo anhelo tumbado por la negociación con el PNV en los últimos Presupuestos: equiparar, en la línea del resto de Europa, lo que aportan a las arcas públicas el diésel y la gasolina.

Además, el informe prevé un paso más con respecto al que se dará en las próximas semanas con la ley de residuos, haciendo que los fabricantes de productos que dejan huella en forma de basura paguen más por su gestión, recogida y limpieza, aliviando las arcas municipales; e imagina que ningún residuo municipal acabará en el vertedero para 2050. Para conseguirlo es evidente que el ciudadano tendrá que aportar su cuota de responsabilidad: un civismo al que llama el informe, proponiendo la modificación de determinados hábitos muy arraigados en la sociedad de consumo. Para llegar a un 2050 de neutralidad climática, emitiendo solo un 10% de lo que emitíamos en 1990, “la población española tendrá que reducir su ingesta de alimentos de origen animal, la cantidad de prendas de ropa, o el número de dispositivos digitales y electrodomésticos que adquiere al año”. 

Es la primera vez que un Gobierno español pone sobre la mesa, aunque sea a través de los expertos seleccionados para el estudio, la necesidad de reducir el consumo de carne, terreno habitualmente abonado por organizaciones no gubernamentales. Así lo justifica: “Esta reducción de ciertos consumos no provocará un empeoramiento de las condiciones de vida ni del bienestar de la ciudadanía. De hecho, probablemente ayudará a mejorarlas. Numerosos estudios señalan que el consumo de carne de la población española es entre dos y cinco veces superior al recomendable (…). Un mayor gasto en comida, vivienda, automóviles y otros servicios no guarda una relación directa con un mayor nivel de satisfacción vital”. El documento deja claro que el consumismo en el que se basa el capital no es compatible con el futuro. Posiblemente, las líneas más radicales de un texto reformista.

La España de 2050 será mucho más cálida, seca e imprevisible”

El análisis de cómo hemos llegado hasta aquí elaborado por el informe es impoluto en la ciencia que le sirve de base. También duro para el país y para la herencia recibida del Gobierno de Pedro Sánchez gestiona. “A lo largo del siglo XX, la mayoría de los paises del mundo adoptaron un patrón de crecimiento económico basado en el uso abusivo y lineal de los recursos naturales. Este patrón ha causado una degradación medioambiental sin precedentes en la historia y ha precipitado una crisis climática que podría tener efectos catastróficos en el futuro cercano. España ha sido parte de ese proceso”, arranca el capítulo dedicado al cambio climático de España 2050. No solo ha sido parte de ese proceso, sino uno de los principales responsables, reconoce el trabajo, como parte de los países más desarrollados del planeta.

Los autores lamentan “la escasa ambición de los actores públicos” en España durante “muchos años” en los que “mostraron un nivel de compromiso con la agenda climática y medioambiental inferior al de otras administraciones europeas”. El documento critica la priorización del transporte por carretera en vez del ferrocarril, el “uso muy intensivo de los recursos naturales” de los sectores industrial o agropecuario, sobre todo en relación con el agua, o la “normativa poco favorable al autoconsumo” en referencia directa al impuesto al sol. Como consecuencia de la dejación española –pero no solo–, la temperatura en España ha aumentado 1,8 grados en la actualidad, la Península es un lugar cada vez más seco que “presenta uno de los índices de explotación hídrica más altos de Europa” y ha aumentado el riesgo de superincendios, tormentas devastadoras y sequías.

Ha habido avances, relata el documento. La implantación de energías renovables ha disfrutado de un boom en los últimos años, la protección a los ecosistemas más frágiles ha mejorado y se ha aumentado nuestra eficiencia en el uso de los recursos. Pero aun así, teniendo en cuenta el ritmo de la ambición climática, “uno de los escenarios más probables, si bien no el más deseable”, es el de un incremento de la temperatura global de unos 2 grados para 2050 y 2,5 para final de siglo. “La España de 2050 será mucho más cálida, seca e imprevisible que la de hoy. Madrid tendrá un clima similar al que actualmente tiene Marrakech y el de Barcelona se parecerá mucho al de Túnez”.

Tendremos menos precipitaciones, veranos más largos e intensos, frecuentes lluvias torrenciales y afecciones sobre nuestra disponibilidad de agua, nuestros ecosistemas y costas, la economía, la sociedad y nuestra salud. Podemos evitar lo peor de estas consecuencias, pero, explica el documento, no todas.

Las carencias: sin transición para el regadío y sin un ferrocarril que vertebre

El Gobierno admite a las claras que cada vez tenemos menos agua, que conforme pasen las décadas vamos a contar con menos y que hemos consumido mucho más de la que podíamos permitirnos, con claras referencias a la insostenibilidad del sector agropecuario español. Reconoce que la mejora de eficiencia en los cultivos no ha funcionado: tal y como reconoce en las notas a pie de página el informe, “cabe señalar que durante las últimas décadas no hemos asistido a una reducción de la demanda total en España. Las mejoras de eficiencia se han visto compensadas por un incremento de la superficie de regadío y de la población abastecida”. En otro capítulo, el documento reconoce que esta eficiencia, gastar menos para el mismo nivel de producción, puede llevar a un “efecto rebote”: si es necesaria menos materia prima para el mismo resultado, el capital tiende a seguir sobreexplotando el recurso para aumentar sus márgenes de beneficio.

Sin embargo, dentro de las propuestas, el capítulo destinado al cambio climático en España, 2050 no incorpora una reducción de las hectáreas de regadío en España y una transición justa para los trabajadores afectados, como llevan reclamando décadas los ecologistas. Sus medidas se basan en más eficiencia y digitalización, junto a varios párrafos que instan a la creación de más cultivos de agricultura ecológica, con menos usos de fertilizantes y de recursos hídricos, que serán incentivados mediante la fiscalidad.

Por otra parte, el capítulo reconoce la importancia del tren para paliar la dependencia de la carretera que sufre el país: tanto para los trayectos personales como para el transporte en carretera, que es predominante frente a otras alternativas menos emisoras. Lamenta “la construcción a gran escala de autovías, en detrimento de las líneas de ferrocarril”. Sin embargo, los expertos del Gobierno no proponen revertir la situación, realizando una gran inversión para llevar este modo de transporte a más partes de España, construyendo más líneas aunque sean deficitarias: solo defiende la mejora del Cercanías, la vuelta del tren nocturno, la bajada de las tarifas y nuevas locomotoras limpias. En cuanto a movilidad, el plan reconoce la importancia capital del vehículo eléctrico, a ser posible compartido: pero solo menciona una vez la palabra bicicleta. Las prioridades en este ámbito fueron muy criticadas por el ecologismo español en otra gran apuesta de futuro del Ejecutivo de Sánchez: su plan para gastar los fondos de recuperación europeo.