La Unión Europea da la espalda a la crisis climática en su acuerdo de libre comercio con Mercosur

Fuente: PUBLICO.ES

‘Trade-Leaks’ filtra un documento sobre la negociación del convenio comercial entre Europa y los países sudamericanos en el que los compromisos climáticos apenas tienen importancia.

La Unión Europea de la espalda a la crisis climática en sus acuerdos internacionales de libre comercio. Así lo evidencia una filtración de Trade-Leaks sobre las negociaciones para acuerdo comercial con los países del Mercosur (Brasil, Argentina, Paraguay y Uruguay), en las que los requisitos ambientales han quedado fuera de los denominados “elementos esenciales”, cuya violación supondría la suspensión del tratado entre ambas partes. De hacerse efectivo, el convenio comercial abrirá las puertas al extractivismo y “acelerará la destrucción de la Amazonía”, tal y como denuncian desde Greenpeace.

Los únicos elementos que se consideran esenciales para condicionar la suspensión del acuerdo, según la filtración, estarían relacionados con que uno de los Estados firmantes vulnere los principios democráticos, los derechos fundamentales o contribuya a la proliferación de armas de destrucción masiva. Tampoco se contemplan clausulas o sanciones económicas para los Estados que excedan su contaminación durante el desarrollo de las actividades económicas en cuestión. Esto es, según Greenpeace, una carta en blanco para la devastación de ecosistémicas sobreexplotados como la selva amazónica, los humedales del Pantanal o los bosques del Gran Chaco.

La mera omisión de mecanismos de sanción por incumplimiento de los compromisos adquiridos, para detener la destrucción de la naturaleza y abordar la crisis climática, muestra la poca consideración que este acuerdo tiene hacia los retos globales a los que nos enfrentamos. Así, el acuerdo UE-Mercosur aceleraría la destrucción de la Amazonía, desatando el caos climático y aniquilando innumerables especies. En el siglo XXI, los acuerdos comerciales deben incluir, en su núcleo, mecanismos vinculantes de protección de las personas y la naturaleza”, ha declarado Miguel Ángel Soto, portavoz de Greenpeace España.

Para Yago Martínez, portavoz de la plataforma No a los Tratados de Comercio e Inversión y miembro de Ecologistas en Acción, el contenido de la filtración “no sorprende”, ya que la parte comercial del acuerdo, la cual ya era pública, no contemplaba ningún condicionante ecosocial. “Esto confirma que en ningún caso se podrá llevar a un Gobierno ante los tribunales internacional por violaciones del Acuerdo de París”, afirma, para denunciar que, de salir adelante, ni siquiera se va a poder “presionar a Gobiernos como el de Bolsonaro para que mejoren sus políticas en materia de medio ambiente”.

Un tratado cada vez más cuestionado

El tratado, que pretende multiplicar el comercio entre los países de los dos continentes y eliminar más del 90% de los aranceles y tasas impositivas, se encuentra en fase de ratificación. El próximo 9 de noviembre se espera que el Consejo de Asuntos Exteriores de la UE haga una propuesta a la Comisión para firmar el acuerdo final. Sin embargo, el futuro de este convenio de libre comercio, cuyas negociaciones se llevan dilatando más de veinte años, parece estar en entredicho. Tanto es así, que algunos Estados europeos han manifestado su descontento durante las últimas semanas.

Francia, con Macron a la cabeza, ha sido el último de los Gobiernos en mostrar su rechazo a los planteamientos del acuerdo bilateral de libre comercio. Tanto, que desde París han rechazado votar a favor, mostrando su preocupación por la ausencia de requisitos ambientales. “El proyecto de acuerdo no contiene ninguna disposición que permita disciplinar las prácticas de los países del Mercosur en materia de lucha contra la deforestación. Es la principal carencia de este acuerdo y esa es la razón principal que hace que, en el estado actual, las autoridades francesas se opongan al proyecto de acuerdo”, manifestaban fuentes del Ejecutivo galo a la Agencia France Presse.

Francia no ha sido el único país en demandar mayores compromisos para la lucha climática en este tratado. Austria, Irlanda, Bélgica y Luxemburgo respaldan las posturas de Macron, mientras Alemania muestra divisiones a la hora de respaldar de manera definitiva el acuerdo.

A este contexto, se suma la postura de Europa en materia climática, que puede suponer una contradicción directa con la aprobación de la alianza con el Mercosur. Así, mientras las negociaciones comerciales dejan de lado los compromisos ecológicos, el Parlamento Europeo aprobaba este martes un incremento de la ambición climática y fijaba una reducción de las emisiones de CO2 del 60% para el año 2030, un porcentaje difícil de cumplir si se fragua el histórico pacto de libre comercio.

“Los documentos publicados del acuerdo UE-Mercosur confirman: es un verdadero asesinato climático que promueve un comercio insostenible y no prevé sanciones en caso de destrucción de la naturaleza. El acuerdo debe detenerse para siempre”, sostiene Tom Kucharz, investigador y activista ecologista, que critica abiertamente que el Gobierno español continúe respaldando el convenio comercial: “España es el segundo mayor importador de soja de la UE. Es importante que veamos la relación. Brasil arde porque la importación de soja a España y Europa está aumentando.  Por todo ello es absolutamente incoherente que el Gobierno español declare la emergencia climática y tramite la Ley de Cambio Climático, mientras impulsa la firma del acuerdo comercial con los países del Mercosur que agravaría la deforestación y la crisis climática”.

Precisamente, el pasado 6 de octubre algunos eurodiputados españoles del grupo socialista se abstuvieron en la votación a una enmienda sobre el Mercosur que decía que no se podía aprobar “en su estado actual”.  “El PSOE nos tiene acostumbrados a convertir estos principios en papel mojado. Desde que Pedro Sánchez es presidente de Gobierno ha dado su apoyo a los acuerdos comerciales entre la UE y Japón, Singapur, EE.UU (conocido como TTIP 2.0.) y con los países del Mercosur” subraya Soto.

“El hecho de promover tratados como éste es profundamente incoherente y se contradice con el discurso climático que mantiene la UE y con paquetes legislativos que han aprobado, en el último año como el Pacto Verde Europeo. Sirve de muy poco que se incremente la ambición y se restrinja el uso de combustibles fósiles en Europa, mientras externalizamos la deforestación y contaminación a otros países”, zanja Martínez.