La victoria electoral de los partidos verdes: una realidad en Francia y una utopía en España

Fuente: INFOLIBRE

Los Verdes franceses han conquistado varias ciudades importantes del país galo tras las elecciones. En España, la configuración del tablero político, los ejes ideológicos y la poca sensibilidad ambiental dificultan el triunfo de un gran partido ecologista

El pasado domingo, una ola rojiverde recorrió Francia y aupó a Los Verdes, el partido ecologista galo, a los Ayuntamientos de varias grandes ciudades, generalmente en coalición con otras fuerzas progresistas. En París, la socialista Anne Hidalgo revalidó su mandato de seis años: aun siendo de otra formación, su ambiciosa apuesta por la movilidad sostenible está marcando el ritmo a otras urbes de todo el continente. Hasta ahora, Grenoble era la única población de más de 100.000 habitantes con un alcalde de Europa Ecología Los Verdes (EELV). Pero Eric Piolle ya no está solo. Como cuenta Mediapart, socio editorial de infoLibre, los ecologistas han ganado bastiones como Lyon, Estrasburgo y Burdeos, donde la sorpresa ha sido mayúscula, toda vez que los sondeos daban como favorito al candidato de Los Republicanos. También han salido victoriosos en otros núcleos como Poitiers, Besançon, Tours o Annecy. Y en otros lugares donde no han ganado, han ayudado a ganar o han mantenido a los candidatos socialistas.

Hasta ahora, se consideraba que el fenómeno de un partido verde con vocación de mayorías era un fenómeno propio del norte de Europa, con Alemania como gran referente. Pero la ola ya ha desembarcado con fuerza en Francia –eso sí, rodeada de una gran abstención–. Preguntas que ya se han formulado otras veces vuelven a ponerse de actualidad: ¿Llegará esta ola a España? ¿Por qué nuestro país no ha tenido una gran formación de corte ecologista capaz de conquistar alcaldías y de ocupar un espacio considerable en el Parlamento? Las claves, según los expertos consultados por infoLibre, son la configuración del tablero político en los dos grandes momentos de cambio de las últimas décadas –la Transición y el surgimiento de la nueva política encabezada por Podemos y Ciudadanos tras el 15M–, la sensibilidad ambiental de los españoles y los focos entre los que se mueve la conversación política en nuestro país, muy adherida a los ejes izquierda-derecha y centralismo-independentismo. También influye la fuerza que ostenta y mantiene la socialdemocracia clásica en España, frente al defenestrado Partido Socialista francés.

El primer elemento que marca la diferencia, según la politóloga, directora de Conversaciones en Ecología y Desarrollo (Ecodes) y columnista de infoLibre Cristina Monge, es que en España los partidos de izquierda “enseguida entraron en temas verdes”. No así el Partido Socialista francés, juzga, ni el presidente de la República, Enmanuel Macron, que anunció un paquete de inversiones medioambientales tras conocer los resultados. El debate, explica la politóloga, se ha instalado en el seno de la formación socialdemócrata gala: “hay algunos que dicen que el futuro de la izquierda pasa por ser más verdes y otros dicen que no, que su identidad es roja y ya veremos”. El falso dilema entre planeta y clase, entre ecologismo y justicia social, no se ha dado en nuestro país: con más o menos ambición y convencimiento, todas las formaciones progresistas han tenido su propia agenda medioambiental. Ahora tiene vocación de transversal: coaliciones como Más País lo asumen como eje, no como añadido, y el Gobierno cuenta con una vicepresidencia dedicada a la Transición Ecológica.

La asunción de las tesis verdes no solo se ha dado a nivel ideológico, también a nivel de estructuración del tablero político en los dos grandes momentos de cambio: la Transición, por un lado, y la fragmentación del Parlamento producto del ascenso de Podemos y Ciudadanos, primero, y Vox después. Ambas épocas tienen claras similitudes en cuanto a la absorción de lo verde, explica Monge. “Cuando surge Izquierda Unida, muchas de las organizaciones que se integran son pequeños partidos verdes, y cuando surge Podemos se integra Equo”, el único partido 100% ecologista de España. “Es un proceso idéntico”. Ambas reconfiguraciones de la izquierda no dieron espacio a una fuerza verde que realmente disputara el espacio a otras formaciones progresistas.

Se suma que, a juicio de Monge, en España “no hay tanta sensibilidad verde”. Funcionan otros ejes a la hora de decidir el voto en unas elecciones: al esquema clásico izquierda-derecha se le ha sumado en los últimos comicios generales el eje centralismo-independentismo, con un recrudecimiento de la tensión en Cataluña producto de la sentencia a los líderes del procés. “En España votas en base a si eres de izquierdas o de derechas. Ahora mismo es imposible que alguien diga ‘yo me defino verde más allá de izquierdas o de derechas, independentista o no'”. El conflicto catalán, de hecho, ya dañó a Más País, coalición de la que forma parte Equo, en noviembre de 2019. “Honestamente: la tensión nacionalista a la izquierda le afecta siempre. Cuando hay bronca nacionalista siempre sale reforzada la derecha. Con Más País fue especialmente flagrante. mantuvo un discurso de diálogo, y en épocas de trinchera esos discursos son necesarios pero no se comen nada”, afirma la politóloga.

Coincide el análisis el diputado de Más Madrid e ideólogo del partido en cuestiones climáticas Héctor Tejero. En el país con un partido verde más fuerte, Alemania, la sensibilización ambiental comenzó con las movilizaciones antinucleares de los 80, que crearon el caldo de cultivo perfecto. “En España también las hubo, pero no canalizaron en partidos grandes concretos, y no se alcanzó ese nivel de conciencia”. Además, Los Verdes alemanes son una rara avis en el ecologismo europeo: tras una serie de disputas internas, la formación se centralizó, abandonando su carácter pacifista y pasando a ser un espacio atrapalotodo que atrae tanto a votantes de izquierda como provenientes de la CDU de Angela Merkel, En el resto de Europa, también en Francia, el ecologismo está indisolublemente ligado a la izquierda.

Tejero apunta también al sistema parlamentario español, “que hace mucho”. “Un partido verde ahora significa un tercer partido” en el espectro de la izquierda. “Y cualquier tercer partido se ve muy penalizado” por la ley electoral y el sistema de circunscripciones, asegura, como ya se demostró en noviembre de 2019, donde los votos que no se tradujeron en escaños y la irrupción del conflicto catalán por sorpresa diluyeron el proyecto de Íñigo Errejón.

En todo caso, y pese a lo llamativo de la victoria de Los Verdes franceses, la ola ecologista tiene aún limitaciones que superar para convertirse en realmente mayoritaria y conquistar la arena nacional. “Es un triunfo en las grandes ciudades. En las pequeñas y en el ámbito rural ha pasado todo lo contrario”. El apoyo proviene de clases medias “ilustradas”, politizadas y con conciencia ecologista previa. El fenómeno, así, es similar al de los Ayuntamientos del Cambio, durante el 2015 español. “Podemos gana siempre más en las ciudades que en campo. Es una clase media muy politizada y que tiene más propensión a votar a lo nuevo”. Exactamente lo que pasó aquí, con Manuela Carmena, Ada Colau o Kichi accediendo al poder de grandes núcleos urbanos mientras que, a nivel nacional, el PSOE logró contener el sorpasso y seguir acumulando votos de comunidades autónomas con más población rural que urbana, como Andalucía o Extremadura.

“El reto que tienen los verdes es conquistar lo rural”, concluye Tejero. Es lo que está pasando, de hecho, en Alemania, donde Los Verdes ya se están haciendo fuertes en regiones rurales. Influye que, en el campo, los efectos de la crisis climática ya se están notando con fuerza, afectando a las cosechas y a la productividad agrícola en general. En España el camino recorrido es otro, aunque la pandemia y su impacto amenaza con hacer saltar por los aires todo lo que ahora damos por sentado.