La cumbre del clima en cuatro claves: Greta, los indígenas, la terquedad de Brasil y el liderazgo español

Fuente: INFOLIBRE

Nuevos actores han entrado a jugar en la lucha contra el cambio climático.La COP25 en Madrid, más allá del resultado final de las negociaciones, ha dado para mucho.

Las dos semanas de cumbre del clima en Madrid han dado para mucho. Más allá del resultado final de las negociaciones, muy decepcionante para muchos de los actores implicados, la Conferencia de las Partes celebrada en la capital española ha dejado momentos para el recuerdo de la movilización climática y nuevos protagonistas que, en ocasiones, vienen a sustituir a los viejos. Hemos sido testigos de los últimos momentos de Greta Thunberg como líder y referente absoluta de la protesta juvenil; a nuevos bloqueadores que han impedido el desarrollo del multilateralismo hacia una ambición relevante; a grandes empresas coger el micrófono a escasos metros de los pueblos indígenas que denunciaban su participación activa en su sufrimiento. La COP25 no es únicamente el texto final, que gustará más o menos, sino una cumbre histórica que será recordada no solo por lo decidido en los despachos, sino también por una respuesta social sin precedentes.

La terquedad de Brasil

El portavoz de la delegación brasileña protagonizó uno de los momentos más tensos de las dos semanas de cumbre del clima, precisamente en su fase final. Pongámonos en contexto: los negociadores han roto todos los récords y se encuentran en la mañana de domingo, en el plenario de clausura, tras dos noches sin dormir. Toma la palabra el representante del país amazónico y dice que no dará su visto bueno. “En general es un texto muy bueno. Plasma en general un equilibrio decente, al cual se llegó en las negociaciones. pero hay problemas en dos párrafos, 30 y 31, que se refieren a océanos y uso de la tierra. Queremos pedir que se supriman”. Las caras de nerviosismo de la presidenta, Carolina Schmidt, y de los representantes de medio mundo eran evidentes. Comienzan varios turnos de palabra de países que en parte imploran y en parte exigen al Gobierno de Bolsonaro que deje de bloquearlo todo. 

“Hemos trabajado intensísimamente en la cuestión de los océanos y tenemos un texto equilibrado con el uso de la tierra. Hemos trabajado a fondo para elaborar esta decisión”, aseguró el representante de Indonesia. El de Suiza tiró de ironía: “Somos países sin litoral y también nos parece bien”. Tras una primera negativa a rectificar –”lo lamentamos muchísimo, pero no podemos aceptar esos párrafos”–, Brasil cedió. En cursiva porque probablemente ya tenían decidido de antemano desbloquear, pero también hacerse los duros para que medio mundo entendiera cuál estaba siendo su papel en estas negociaciones. El país ha sido muy señalado porque ha sido uno de los tres culpables, a juicio del resto de la comunidad internacional, de que los mercados de carbono no hayan sido regulados.

La ciencia es inequívoca

El Programa de Medioambiente de Naciones Unidas lanzó pocos días antes del comienzo de la cumbre del clima un informe muy revelador y que contextualizó el encuentro, indicando claramente hacia dónde tenían que dirigirse los esfuerzos de las Partes. Las promesas actuales contenidas en las contribuciones determinadas a nivel nacional (NDC’s) de los países nos dirigen a un calentamiento global para finales de siglo de más de 3 grados. Y si dichas promesas son incumplidas, nos iríamos a un aumento del mercurio de casi 4 grados, incompatible con la sociedad occidental tal y como la conocemos. Los países deben quintuplicar sus objetivos si desean un cambio climático abordable. La reducción anual de gases de efecto necesaria, de más del 7%, obligaría a España a duplicar sus objetivos de 2030. No hay nada en el texto final que les obligue a hacerlo.

Los primeros días de cumbre, dedicados en parte a la ciencia, fueron el escenario para que los investigadores publicaran sus más recientes informes. Supimos que la media de las temperaturas del último lustro (2015-2019) y de los últimos diez años (2010-2019) ha sido la más alta de la historia, según explicó la Organización Meteorológica Mundial; conocimos también que una encuesta realizada a un buen número de países del mundo revela que la mayoría no está preparada para los impactos del cambio climático en la salud; que, en esencia, los datos revelan que la crisis es generada por ricos y sufrida por pobres; o que muchas naciones desarrolladas, en teoría menos vulnerables a los efectos del calentamiento global, también han sufrido en los últimos años la destrucción de los fenómenos extremos. El CO2 en la atmósfera, mientras tanto, no deja de aumentar, alimentado por la quema de petróleo y gas natural.

Buena parte de las negociaciones han girado en torno a reconocer la evidencia científica en el texto final. Gracias a los esfuerzos, entre otros, de la ministra Ribera, se ha conseguido incluir referencias al panel de científicos de Naciones Unidas, el IPCC, que llama a cambios “drásticos” para evitar el desastre.

El cambio de estrategia de Greta Thunberg

La joven activista climática ya ha dicho que, después de pasar las Navidades con su familia, descansará. Una decisión entendible, teniendo en cuenta su corta edad, lo frenético de su último año y el culmen de su popularidad que ha supuesto la COP25. Thunberg ha sorprendido en la cumbre del clima de Madrid con un viraje en su estrategia comunicativa, pensada casi exclusivamente para dejar sin argumentos a sus detractores. A los que la acusan de acaparar todos los focos y alzarse como la voz de los jóvenes proveniendo de un país rico y no demasiado vulnerable al cambio climático, Greta contestó atrayendo a la prensa para hablar durante 30 segundos y ceder la palabra a activistas de países como Islas Marshall, Uganda o Filipinas. A los que la señalan por tener demasiado protagonismo en detrimento de la ciencia, en su segunda comparecencia en Ifema hizo la misma jugada, pero en esta ocasión para que las cámaras enfocaran a investigadores del IPCC y otros organismos de referencia. Y para los que se burlan por ser demasiado “emocional” y catastrofista, la persona del año para la revista Time sorprendió con un discurso ante el plenario de la cumbre técnico, frío, simplemente señalando la evidencia que arrojan los números: las políticas que necesitamos no existen en la actualidad. Un día después se fue de España.

Probablemente haya sido la última cumbre en la que veamos a Greta. Queda la duda de si habrá una gran figura joven que la reemplace en términos de fuerza y popularidad: en los pasillos de Ifema ha sorprendido el papel de “mano derecha” de Thunberg durante las comparecencias de la alemana Luisa Neubauer (a su derecha en la foto), algo mayor que ella. Pero también es posible que Fridays for Future, a la que le espera un 2020 intenso, opte por una representación coral, acorde al discurso que han mantenido durante esta cumbre: contrario al eurocentrismo, a que los chavales blancos y de países desarrollados se presenten como los líderes de la acción climática.

Jóvenes, indígenas y ecologistas redoblan sus protestas

Fridays for Future no ha sido la única organización que ha protagonizado la protesta dentro y fuera del recinto del Ifema. Cientos de organizaciones se han concentrado en la Cumbre Social por el Clima, celebrada, entre otros espacios, en las instalaciones de la Universidad Complutense de Madrid, y han propiciado debates que no suelen tener cabida dentro de la cumbre oficial: sobre colonialismo, sobre veganismo, sobre extractivismo, sobre propuestas y alternativas desde espacios inequívocamente de izquierdas y que vienen a superar el modelo económico actual. Sin la presencia de empresas, claro. El encuentro atrajo a más de 15.000 asistentes que acudieron a 370 actividades. “La COP nos ha fallado, pero nosotros hemos estado ahí y no hemos fallado. Es un problema que tenemos que hacer frente todos juntos”, aseguraron en su propio acto de clausura, ya que “vistos los ritmos de negociación” van a tener que “luchar mucho” pero van “a ganar”. “Estamos haciendo historia, hemos tenido la manifestación ecologista que más gente ha reunido en España”, destacaron, según recoge Europa Press.

Dentro de la cumbre oficial, los jóvenes, protagonistas de la acción climática de los últimos años, se han hecho oír. Sobre todo, durante la segunda semana, cuando se empezó a notar que las negociaciones no iban por buen camino. Extinction Rebellion y su estrategia de “desobediencia civil no violenta” y de llamativas performances estuvo tanto en la cumbre social como en las puertas del Ifema. Miembros de Fridays for Future de todo el mundo, sin embargo, prefirieron concentrar su presencia en los espacios dentro del recinto, junto a otras organizaciones de todas partes del planeta, algunas recientes y otras de corte más clásico y ecologista. El momento cumbre de la desconexión entre el rumbo de las discusiones y las demandas sociales fue el miércoles, donde una protesta sin autorización del equipo de seguridad de Naciones Unidas provocó la expulsión de todos los observadores de Ifema… hubieran participado o no en la concentración. Muchas organizaciones entraron en cólera, aunque el jueves pudieron entrar sin problemas. El viernes Fridays for Future, permisos mediante, organizó una sentada para reclamar que los derechos humanos son su “línea roja” en un acto emocionante de pura justicia climática. A las afueras del edificio se unieron a los rebeldes, que acudieron a la llamada con su barco solar.

Muchos de los actos de jóvenes y ecologistas han estado protagonizados por las comunidades indígenas, que han sido un clamor durante las dos semanas de cumbre. Reclaman no solo que se mitigue el cambio climático, sino que se ponga coto a la actuación de empresas transnacionales que, muchas veces en nombre del desarrollo sostenible y fruto de acuerdos fraguados en encuentros como este, se implantan en territorio de los pueblos originarios y les quitan el agua y la tierra. En los peores casos, contaminan el entorno en el que viven. Y si hay conflicto, son habituales las represalias en forma de cárcel o de muerte. Su espacio oficial en la cumbre era una pequeña sala escondida tras un muro en la zona verde, dedicada a la sociedad civil: pero han estado en actos de la zona azul, en manifestaciones, en los pasillos, en la calle, en la cumbre social… alzando la voz. 

Uno de los momentos llamativos tuvo lugar en el stand de España, cuando una indígena colombiana, Milena Flórez, acusó a BBVA, Mapfre y Santander de colaborar con el proyecto que atacaba a su pueblo. La organización conocida como Minga Indígena ha coordinado en parte la cumbre social de la Universidad Complutense. Y casi todos los actos de reivindicación tenían acento indígena, reivindicando los derechos humanos y su inclusión en todos los textos resultantes y en especial en lo relativo al artículo 6 del Acuerdo de París, que regula los mecanismos de flexibilidad a partir de la colaboración entre países.

El papel de España, lo público… y el papel de las empresas, lo privado

Prácticamente todas las partes implicadas en la 25 Conferencia de las Partes coinciden en alabar el buen papel desempeñado por España en este foro. Empezando por la logística y la organización general, en la que ha tenido mucho que ver el Palacio de Ferias de Madrid, Ifema, cuyo presidente se mostraba seguro de poder asumir el reto de organizar en un mes lo que suele ocupar un año. Tenía razón. No ha habido colas, confusiones, fallos o incomodidades en las dos semanas de cumbre. Y ni un solo retraso, más allá de los habituales provocados por lo enquistado de las negociaciones. Los canales de información han funcionado a la perfección y, en general, todos los participantes han trabajado cómodos durante todo el encuentro.

En cuanto al papel político y diplomático que ha representado el país como anfitrión de la COP25, en ocasiones el Gobierno en funciones de España ha eclipsado al que se supone que es el verdadero líder: el de Chile, capitaneado por su ministra de Medio Ambiente, Carolina Schmidt. El presidente, Pedro Sánchez, acaparó todos los focos durante la primera jornada. Y la ministra para la Transición Ecológica, Teresa Ribera, ha intervenido en los grandes momentos, ha ofrecido explicaciones en detalle a la prensa y ha ejercido de facilitadora (un cargo nombrado por la presidencia para desatascar las negociaciones) por segunda COP consecutiva. Muy por encima de su homóloga chilena. Más allá del cuestionable resultado de esta cumbre, Ribera emerge, si no lo era ya, como una auténtica líder climática reconocida por medio mundo.

El Gobierno en funciones de España, eso sí, ha querido aprovechar la cumbre del clima para acercar posturas con los grandes empresarios de este país, en estado de alerta tras el preacuerdo con Unidas Podemos. Sánchez dedicó el primer día a reunirse con los dos principales sectores que han estado presentes en la COP25: algunas de las grandes energéticas del país y los bancos. Muchos de ellos patrocinaron la cumbre y el líder del Ejecutivo se lo quiso agradecer. Estas compañías se han paseado a menudo por el pabellón del país en Ifema: explicando sus cuantiosas inversiones en energías renovables, sus planes de descarbonización, sus ambiciosas finanzas sostenibles, sus metas para 2050, sus compromisos con la biodiversidad… mientras los activistas les atacaban día sí día también por practicar lo que llaman greenwashing: utilizar las luchas ambientales para lavar su imagen y no para contribuir al cambio colectivo.